Brisas Estivales

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por José Andrés Guerrero

Narrado por Pedro Dominguez Polo
Brisas Estivales

Joaquín miraba por la ventanilla del autobús, pensando en sus últimos recuerdos en Buenos Aires, cuando había tenido la posibilidad de ver a Malena justo en las afueras del bar en el que coincidían a menudo en su querido San Telmo. Estaba seguro que debió habérselo preguntado en su momento, pero no lo hizo por miedo a saber la respuesta, así que simplemente ignoró el tema que tanto lo perturbaba, y desde que llegó a España ese mismo 7 de julio, no hizo otra cosa más que tener en mente los vestigios de esa noche, donde todo le sabía amargo.

Cuando finalmente llegó a la parada en la que tenía que bajarse, volvió a mirar su celular, donde tenía a la vista la última conversación de whatsapp, en la que ambos hablaron de simples nimiedades, que involucraba una fotografía que Malena había encontrado de cuando eran adolescentes que cursaban en la misma escuela.

Hizo una mueca al darse cuenta que cuando se tomaron aquella fotografía, la relación que ambos tenían era la de una simple amistad, y no algo que ninguno de los dos podía entender, debido a que sus caminos se dividieron tiempo después. Alzó la vista y continuó caminando en dirección a la embajada, la cual era su principal fuente de trabajo desde hacía poco más de un año.
―Qué rápido que volviste, che ―fue lo primero que le dijo María desde detrás de su escritorio cuando lo vio llegar a la recepción―. ¿Cómo te fue?
―Bien, Mari, podría decirse que bien. ¿Tuviste mucho trabajo sin mí?
―Más o menos, vinieron un par que estaban muy perdidos y que no sabían cómo guiarse por las calles de la ciudad, y es algo que no termino de entender, estamos en el siglo XXI, ¿no? ¿Cómo es que no pueden mirar su celular para guiarse?
―Me imagino que eran ancianos…
―Sí, Joaco, una pareja de abuelitos, pero para mí eso no tiene nada que ver.
―Supongo que es algo normal, es gente que todavía no se acostumbra al paso del tiempo y los ojos con los que ven el mundo son bastante diferentes a los nuestros. Hasta podría decirte que en cierta forma, es bueno poder estar desconectado de esta realidad.
―No te estaría entendiendo, ¿a dónde querés llegar?
―A que antes se vivían las experiencias de otra manera…
―¿Y qué tiene que ver eso con no poder usar el celular para guiarse?
―Nada, solo digo que antes las cosas eran muy distintas, y por lo general la gente que viajaba al extranjero se la pasaba preguntando a quien tuviera delante para guiarse, o como hicieron estos abuelitos, ir directamente a la embajada.
―Ponéle que tengas razón ―María hizo una mueca y miró por la ventana el día soleado―. Yo que vos aprovecharía que te quedan dos días de vacaciones y me iría antes de que Ramón te vea, porque te aviso que te va a poner a laburar enseguida.
―Conozco muy bien a nuestro jefe, pero yo vine derechito para acá porque tengo ganas de despejarme la mente.
―¿Tan mal te fue en Argentina? ¿Qué pasó?
―Nada, no te preocupes, estoy bien. Voy a mi oficina, seguro que tengo una pila de informes que tengo que sellar.
―Sí, tenés laburo de sobra, más ahora con el cambio de gobierno.
―Hay que hacer buena letra, che, no vaya a ser cosa que nos fleten.
―Es muy probable que sea nuestro último año en España.
―No seas tan pesimista, ya vas a ver que no ―antes de hacer una mueca, ya que pensaba que María estaba en lo correcto, ladeó la cabeza para mirar por la ventana las hojas del añejo roble que oscilaban con las brisas estivales―. Pero si es así como decís…
―¿Qué? ―preguntó al darse cuenta que su colega se quedó muy pensativo al dejar esa frase inconclusa.
―Nada, no me hagas caso ―sin decir nada más, comenzó a caminar al despacho que le correspondía por ser uno de los secretarios administrativos de la embajada.

Por más que tuviera mucho que hacer, Joaquín no dejó de pensar en la posibilidad que le había planteado María, y al darse cuenta que quizás pudiera llegar a suceder, pensó que lo mejor sería comenzar a proyectar su vida en otro lado. Aunque no tenía del todo decidido qué haría, dado que la separación que tuvo hace pocos meses con Lucía, había dejado sus sentimientos a la deriva, y los retazos que recordaba de aquella noche con Malena, hicieron que la duda acaparara su mente desde hace un largo tiempo.

Antes de sellar una de las hojas del presupuesto que había estado calculándose hace un par de meses, desocupó sus manos y se tomó la frente por esa sensación de cobardía que le carcomía la conciencia. Suspiró al creer que ya no había marcha atrás de lo que estaba a punto de hacer y tomó su celular para comenzar a mirar toda su lista de contactos, hasta encontrar finalmente a Malena. Se mostró dubitativo durante unos largos minutos, y tal como siempre hacía cuando se ponía nervioso, se mordió el labio con mucha fuerza y pensó en qué palabras debería emplear.

Comenzó la llamada, pero inmediatamente cortó y dejó el celular en el escritorio mientras lo observaba con mucha angustia y un dolor muy fuerte en el pecho. Lo que no quería que ocurriera, fue lo que sucedió segundos más tarde: la llamada de Malena. Mientras el celular sonaba y vibraba, Joaquín se arrepentía de haber hecho lo que hizo, pero juntando todo el coraje que pudo, lo tomó y aceptó la llamada.
―Hola, Male…
―Hola, ¿me querías decir algo, Joaco?
―Eh… no, es solo que llamé sin querer, pero no, no quería decir nada, perdón.
―Ah, no hay problema, solo que como vi que me llamaste pensé que tal vez…
―¿Qué pensaste, Male?
―Hubo algo de lo que no conversamos la última vez, ¿no?
―Puede ser, tuvimos poco tiempo charlando.
―Muy poco diría yo, después de que no nos viéramos por dos años.
―Sí, yo con mi laburo no tengo tiempo ni de respirar.
―Me imagino, sos un diplomático muy importante y más ahora que te fuiste tan lejos. Ya sé que te mandé un whatsapp para felicitarte, pero… felicitaciones de nuevo.
―Gracias, bueno… tengo que seguir trabajando, Male.
―Ah, sí, sí, no te molesto más. Me gustó poder hablar con vos de nuevo.
―Sí, a mí también me gusto.
―Suerte…
―¡Espera! No cortes, por favor.
―¿Qué pasa, Joaco?
―Tenías razón, hay algo de lo que no hablamos y sé muy bien que vos sabés de lo que hablo, porque todavía me acuerdo de esa noche, Male, y después vos y yo… Bueno, a lo que quiero ir es que nos separamos por algo que no debió haber pasado entre nosotros.
―Entiendo que no debió haber pasado, pero pasó…
―Sí… ―ambos hicieron silencio por unos segundos y cuando finalmente se decidió a hablar, Joaquín añadió―: Yo sé muy bien que vos estabas casada y habías formado una familia con Eduardo, pero hay algo que me inquieta profundamente, algo que me hace sentir que soy un cobarde por no habértelo preguntado la última vez ―volvió a hacer un silencio momentáneo y agregó:

― Pero ese segundo hijo que tuviste, que por las fotos que vi es rubio y de ojos claros, es mío, ¿verdad?


―Sí, es tu hijo…

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Autor entrada: Pedro Polo

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