Furia Loca

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por Tania Estrada morales

Furia Loca es un caballo de carreras, una raza especial, majestuoso corre con ritmos rápidos, cruza por nuestra vida a toda velocidad… Se les acostumbra a llamar pura sangre, de estética sensual, perfil recto y de extremidades posteriores largas de mayor magnitud que las anteriores, hacen que nos sintamos resistentes en la carrera y caminada de la vida. No deja marcas, pero, sueña en subir las montañas, corriendo por praderas llenas de libertades, desbocadas y luego retozando. Ha vivido en su establo muchos años, con su personalidad amable, despertando la curiosidad de mucho tiempo de convivencia amorosa.

Si corremos por la vida como corre Furia Loca nos recordará que nuestra furia es importante para el crecimiento interior y nos guiará en la lucha de los sueños adormecidos.

Entonces nos sentiremos saltando los obstáculos que no eran más que miedos de un adolescente perdido en su tiempo…


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Enlace Externo : http://alianzadps.es/genio-ingobernable/

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Autor entrada: Pedro Dominguez Polo

Padre, Coach, Escritor aficionado y fan de las historias inspiradoras que dejan huella en los jóvenes y refrescan la mente de los mayores. MBA por EAE y con formación en ingeniería me encuentro cómodo entre los bits, los negocios y el alimento de la mente.

1 comentario sobre “Furia Loca

    GLoria

    (septiembre 10, 2020 -5:20 pm)

    El Abuelo
    Un cuento dedicado a todos los abuelos que cuidan a niños con necesidades especiales,inspirado en el Diario de Miguelito un proyecto de apoyo al autismo.

    Hacía varios días que el abuelo no aparecía por casa. Todos en la familia estábamos expectantes, como también, algunos vecinos del barrio. Cada vez que salíamos a la puerta de la calle nos preguntaban: y… ¿apareció el abuelo? Bajábamos la cabeza y respondíamos con una honda tristeza; el abuelo, aún no aparece…
    Casi nadie de la familia queríamos salir de casa, ni barrer la vereda o ir de compras a la verdulería de don José. Sus hijos amaban al abuelo, todos los días él se levantaba muy temprano, tomaba un delicioso café recién hecho por la abuela y luego iba a la verdulería, les contaba viejas historias de la guerra a los niños, como él había escapado de los liberales o conservadores, daba igual de quién fuera, ya estaba viejo y mezclaba las historias de la política Colombiana. El caso era, que los niños eran felices escuchándolo. Volvía a casa, muchas veces sin las verduras que le había encargado la abuela, que renegaba por sus tardanzas, eso sí, traía las bananas que a él tanto le encantaban. De todas formas se almorzaba, don José ya sabía y enviaba a uno de sus hijos con los plátanos y la yuca que falta para el almuerzo.
    Habían transcurrido quince días, desde que el abuelo se había marchado. Mi madre, había preparado su cama junto a la ventana que daba al jardín y mis tíos se turnaban, para hacer en su tacita preferida agua y un poco de miel, también arroz hervido, como a él le gustaba, por aquello de los dientes, que poco le quedaban.
    Aquella mañana cuando menos lo esperábamos, cuando la tristeza nos embargaba el alma, el abuelo, entró por el patio de atrás, como siempre acostumbraba, aquel que da al jardín. Cruzó entre las flores que amorosamente cultivaba, nos miró dulcemente, comió un poco de arroz y tomo agua de su tacita preferida. Nos volvió a mirar dulcemente y desapareció entre las flores.
    El abuelo… antes de morir… a todos… familia y vecinos, nos había dicho:
    Cuando muera…voy a reencarnar…en un pequeño colibrí.

    Buenos Aires,Argentina
    Por Gloria Orrego

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